No estoy hecha para la dependencia,
para pedir permiso,
ni para la paciencia.
No estoy hecha para dar explicaciones,
para la espera de una nueva vida,
o para que cambie la mía.
No estoy hecha para estar encerrada,
o para no saber nada.
Para dejar de vivir, disfrutar o sonreír.
No estoy hecha para ser compartida,
ni para una vida en rutina,
ni para lo normalizado o cotidiano.
En definitiva,
después de lo luchado,
contra lo fijado.
No estoy hecha para ti.
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